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4/10/09

Y EL CINE ESPAÑOL QUÉ, ¿OTRA VEZ GANADOR DE UN OSCAR?

Por lo acaecido en el último año, al cine patrio le va mejor fuera que dentro. Los datos del balance cinematográfico de 2004 aún están humeantes: destacan la pérdida de cuota de pantalla y de espectadores. También humeante, casi como la Torre Winsord, la última gala de los Goya. Dicho evento se ha convertido en uno de los programas televisivos que más polémica genera en los últimos años. Esta edición, en la que Alejandro Amenábar y su película 'Mar adentro' acapararon prácticamente todos los premios, ha provocado multitud de críticas: desde la inoportuna presencia del Presidente del Gobierno hasta la rumorología (si tal palabra es aceptada) acerca del supuestamente descarado apoyo a 'Mar adentro' por su nominación a los Oscar. Pero la cosa no queda ahí. La salida de los hermanos Almodóvar de la Academia de Cine a finales de diciembre pasado es un ladrillo menos en el ya precario muro de la institución.

Los motivos de este desencuentro con crítica, público e incluso con los profesionales son diversos. En contraste, llama la atención la aceptación de ciertos autores en el extranjero. El caso más destacado actualmente, aparte de Almodóvar, es el de Alejandro Amenábar, quien también ha sido galardonado con un Globo de Oro por 'Mar adentro'. Una vez más, la actualidad del cine español vuelve a tener los mismos protagonistas, para bien y para mal.

España no es diferente
Por otra parte, las tendencias apreciables en el cine extranjero, principalmente el norteamericano, también tienen su eco en nuestro país. No podía ser menos. Recientemetne se han podido ver adaptaciones de tebeos ('Mortadelo y Filemón'), literarias (Pérez Reverte, Manuel Rivas o Javier Cercas, entre otros autores) o de series televisivas ('No te fallaré', debida al éxito de 'Compañeros'). Incluso del cine al musical ('Al otro lado de la cama'). Ha aumentado el uso y calidad de los efectos especiales (con Álex de la Iglesia como su más popular valedor hasta el momento). En cuanto a la animación, expertos españoles han destacado en la factorías Pixar, Disney o ILM; pero también se está apostando aquí por este género ('El Cid, la leyenda' o 'Pinocho 3000'). En lo respectivo a las revisitaciones, no se trata de una materia abundante: sirven de muestra 'Atraco a las tres' o el nuevo proyecto de José Luis Garci, 'Ninette', cuya versión original firmó Fernán Gómez en 1965 al adaptar el texto de Miguel Mihura.

Pero volviendo a nuestro «cineasta estrella», Hollywood también se interesó por sus dos primeras películas. El resultado más conocido fue 'Vanilla sky', adaptación de 'Abre los ojos'. Más sorprendente aún ha sido el caso de 'Los Otros', calcada por un cineasta hindú sin introducir peculiaridades locales ni característicos números musicales bollywoodienses.

Asimismo, el fenómeno de las secuelas tiene presencia en el esperpéntico personaje creado por Santiago Segura, 'Torrente', del cual se prepara la tercera entrega. ¿Será este último quien, a pesar de todo, salve la temporada una vez más?


[Este artículo, escrito a principios de 2005, forma parte del reportaje 'El séptimo arte pasa por quirófano'].

¿HOMENAJE, CONTEXTUALIZACIÓN O PLAGIO?

Echando la vista atrás, puede comprobarse que ya Alfred Hitchcock, maestro de cineastas, hizo versiones de sus propias películas. No fue el único. Y en la actualidad es versioneado sin ningún pudor ('Psicosis' de Gus Van Sant, por ejemplo). El remake está a la orden del día. Las últimas tendencias estadounidenses apuntan sus claquetas a películas foráneas, con especial hincapié en el cine de terror japonés. La última, 'El grito' versión que Takashi Shimizu dirige de su propio original 'La maldición'. Tampoco es el primero. Ni será el último.

Europa también está en el punto de mira. En la lista ya figuran: 'Taxi: derrape total', original del francés Luc Besson; 'The Ladykillers', versión del clásico inglés 'El quinteto de la muerte' de 1955; y 'Barridos por la marea', «regalo» de Guy Ritchie a su esposa, Madonna, revisitación de una película italiana de 1974 de la que se enamoró la diva.

Otro foco de interés son las series televisivas, verdadero filón que explota hasta la extenuación la popularidad de un producto (la posterior comercialización de ambas versiones para el mercado doméstico lo procura). Desde 'El fugitivo' a 'Expediente X', pasando por 'Los vengadores' o 'Misión imposible', la amplia acogida que tienen estas series en casi todo el mundo propicia su exportación. Una de las que podrán verse próximamente será la adaptación de otra clásica: 'Embrujada' con Nicole Kidman.

Tampoco se pueden olvidar las obras teatrales, ni uno de los géneros más aceptados en la actualidad: el musical. El compositor inglés Andrew Lloyd Webber está detrás de obras como 'El fantasma de la ópera' o 'Evita'. Pero también deben mencionarse la reciente 'Chicago', y los clásicos 'Cabaret' o 'Bailando bajo la lluvia', que aún se interpretan sobre las tablas.

Hagamos memoria
El cinéfilo de pro, o bien quien por su edad haya visto mucho cine, se encuentra ante un desafío cada vez que un director aborda la revisión de un clásico (sin entrar en valoraciones sobre su calidad). En ocasiones, tal vez demasiadas, se convierte en un mal trago, puesto que la nueva versión no está a la altura del clásico. Ya sea debido a sus menores valores cinematográficos, o bien porque el recuerdo de la original es entrañable. Otro factor determinante son los protagonistas. ¿Puede imaginarse al inspector Clouseau sin el rostro de Peter Sellers? Habrá que hacerlo, puesto que el veterano cómico estadounidense Steve Martin será su nueva imagen.

Otras producciones que serán juzgadas con atención especial serán los remakes de ‘La guerra de los mundos’, dirigida por Spielberg y protagonizada por Tom Cruise; ‘El caso de Thomas Crown’ con Pierce Brosman y Cameron Díaz en los papeles que interpretaron Steve McQueen y Faye Dunaway; ‘Un sabio en las nubes’ con Robin Williams en lugar de Fred McMurray; ‘Gloria’ con Sharon Stone en lugar de Gena Rowlands; ‘Tú a Boston y yo a California’, protagonizada por Dennis Quaid y Natasha Richardson en vez de Brian Keith y Maureen O'Hara; ‘King Kong’, según el director de la trilogía de ‘El Señor de los Anillos’, Peter Jackson; ‘Charlie y la fábrica de chocolate’ de Tim Burton junto a su casi inseparable Johnny Depp. Y, de confirmarse, la que posiblemente estará sometida a una vigilancia especial: ‘Casablanca’, con Sean Penn en el papel de Rick Blaine que inmortalizara Bogart…


[Este artículo, de principios de 2005, forma parte del reportaje 'El séptimo arte pasa por quirófano'].

3/10/09

El séptimo arte pasa por quirófano

CÓMICS, MUSICALES, SERIES DE TV… TODO ES VÁLIDO PARA LA INDUSTRIA CINEMATOGRÁFICA

‘Spiderman’, ‘Los Ángeles de Charlie’, ‘El planeta de los simios’ o ‘Buscando a Nemo’ son títulos reconocibles para cualquier aficionado al cine. Sin una relación evidente entre ellas, exceptuando que están realizadas en los últimos cinco años, algo más allá de su contemporaneidad las hermana: pueden ser la prueba de que la sempiterna crisis del cine, no sólo del español, es una realidad. O no.




Los seguidores (y seguidoras) del actor británico Jude Law se frotan las manos. O, mejor dicho, los ojos: hasta fechas recientes aparecía nada más y nada menos que en cuatro películas de la cartelera cinematográfica. La última, 'Closer', aquí subtitulada 'Cegados por el deseo', es una adaptación de la exitosa obra teatral londinense del mismo nombre. Eso no es todo. A lo largo de 2005 podrán verlo, al menos, en otros seis trabajos. 'Alfie', remake de la película que en los años 60 protagonizó Michael Caine; 'Tulip Fever', 'Dexterity' y 'All the King´s men', basadas en novelas; y 'Brideshead revisited', nueva adaptación de la novela de Evelyn Waugh que conociera el éxito en los años 80 como serie televisiva ('Retorno a Brideshead').

Hay un hilo conductor en todas esas películas, incluyendo ‘Sky captain y el mundo del mañana’, film retrofuturista protagonizado también por Jude Law y estrenado las pasadas navidades. Una vez más, se pone en entredicho la supuesta carencia de ideas, el presunto raquitismo de los guiones en la industria cinematográfica, habitualmente personalizada en la potencia norteamericana –léase Hollywood–. Pero, ¿es esto cierto? ¿Está el sector cinematográfico en crisis, o se trata de una mera crítica de quienes obvian, por incapacidad o animadversión, nuevos hallazgos?

Podría hablarse de ciertos "síntomas”, como la búsqueda de ideas fuera del ámbito cinematográfico o desde dentro, echando la vista atrás y recuperando ideas ya plasmadas, para discernir qué hace que las películas anteriormente mencionadas sirvan como ejemplo de la hipotética aridez de estudios y productoras.


De la tinta al celuloide
La mítica factoría Marvel, cuna de personajes clásicos del cómic, ha visto ampliarse su negocio mediante la proliferación en las pantallas de sus personajes –nacidos en las tantas veces desprestigiadas páginas de los cómics–:‘Hulk’, ‘Daredevil’, ‘X-Men’ o ‘Elektra’ componen un plantel al que se le unirá en breve otra remesa de superhéroes y sus correspondientes villanos: Los 4 Fantásticos, Ant-Man o Ghost Rider, entre otros. A ello se le suma en algunos casos la revisitación del personaje y secuelas derivadas. Entre los nuevos proyectos se habla de una nueva versión de ‘Superman’ para 2006, que protagonizará el prácticamente desconocido Brandon Routh, quien tendrá que soportar la comparación con el entrañable y recientemente fallecido Christopher Reeve.

Pero no todo han sido superhéroes. ‘Camino a Perdición’, última aparición cinematográfica de Paul Newman, en el papel de capo de la mafia irlandesa, se basó en un cómic –o novela gráfica– de Max Allan Collins y Richard Piers Rayner; película en la que, por cierto, Jude Law tenía también un papel relevante. ‘Dick Tracy’ o ‘From Hell’, éste último sobre Jack El Destripador, son otros ejemplos. Asimismo, Frank Miller, dibujante estadounidense de prestigio, tendrá en breve dos de sus obras en la gran pantalla: ‘Sin City’, en manos de Robert Rodríguez; y ‘300’, sobre la batalla de las Termópilas.

Asimismo, nuestros vecinos franceses, pusieron rostro humano al máximo icono de su cómic patrio: en ‘Astérix y Cleopatra’ narraron las aventuras del valeroso galo y su aldea, resistentes a la invasión romana. Tampoco faltó en la cinta otro de sus iconos, esta vez del cine, Gérard Depardieu, dando cuerpo, y nunca mejor dicho, a Obélix, el inseparable compañero de fatigas de Astérix. Y, cómo no, cayeron también en la secuela (’Astérix y Obélix contra César’).


Recientemente se ha estrenado ‘Constantine’, basada en el cómic británico Hellblazer, con Keanu Reeves en el papel de un detective cazademonios. En la película se ha cambiado el escenario original, Londres, por Los Ángeles. Del mismo autor de Hellblazer, el dibujante británico Alan Moore, se prepara otra de sus famosas obras, ‘The Watchmen’. Esta vez sí que se rodará en Inglaterra.


Por otro lado, de sobra conocida es la influencia de la literatura en el cine, y viceversa. Se ha pasado de adaptar clásicos a rodar best sellers escritos, en muchos casos, con un estilo sospechosamente cinematográfico. Este es el caso del éxito editorial de la temporada, ‘El código Da Vinci’, cuyo protagonista será el oscarizado Tom Hanks.
No obstante, muchas películas han convertido libros apenas conocidos en números uno de ventas. Tal fue el caso de ‘Los puentes de Madison County’, de Robert James Waller, dirigida y protagonizada por Clint Eastwood; o de ‘El paciente inglés’, basada en el libro de Michael Ondaatje.

¿Hay vida más allá de los efectos especiales?
Una de las cuestiones en la que más se apoyan los detractores del cine estadounidense es la grandiosidad y espectacularidad de gran parte de las películas, que ocultarían un armazón huero e insustancial. Estos aspectos, en principio secundarios para el argumento, se erigen en ocasiones como único propósito y aliciente del film. La cosa puede empeorar si, además, van asociados a dosis de violencia gratuita.

Tal fastuosidad la consiguen, principalmente, a través de dos vías. En primer lugar se puede señalar el derroche tecnológico, efectos especiales y demás parafernalia (películas como ‘Independence Day’, ‘Titanic’ o ‘Las crónicas de Riddick’). Y en segundo lugar, recurriendo a grabaciones multitudinarias en exteriores, en un verdadero renacimiento de los peplums típicos de las décadas de los años 1950-60 (así, ‘Gladiator’, ‘Troya’, o la más reciente ‘Alejandro Magno’).


Este tipo de películas sólo están al alcance de las grandes superproductoras pues, aunque confían en la recaudación posterior, suponen un riesgo altísimo y requieren de unas capacidades técnicas muy exigentes.


Secuelas y precuelas

En este artículo se ha mencionado ya la tendencia a proseguir las aventuras de los personajes del cómic, especialmente de los superhéroes, con segundas, terceras y hasta cuartas partes. No son pocos quienes ven estas segundas partes, por no mencionar las sucesivas, como una manera oportunista de exprimir un éxito. Y no sólo las de superhéroes. Ni siquiera se circunscriben al séptimo arte. Para muchos aficionados, las continuaciones son, salvo contadas excepciones, innecesarias, ya que no aportan nada o rompen la magia de la primera y genuina.

Sin embargo, contrariamente a lo expuesto en el párrafo anterior, y haciendo caso omiso al dicho de que nunca segundas partes fueron buenas, multitud de seguidores acuden puntuales (en ocasiones, días y semanas antes) a los estrenos de las secuelas. 'El señor de los anillos', 'Matrix' o la renovada saga de 'La guerra de las galaxias', cuya serie de tres episodios (este año finaliza con el tercero) es en realidad la precuela, es decir: los antecedentes de aquellas tres primeras aventuras que llegaron a los cines entre 1977 y 1983. Incluso otro héroe de trilogía, 'Indiana Jones', puede aparecer en una cuarta entrega con un Harrison Ford más que maduro para el aventurero arqueólogo, pero seguramente capaz aún de reunir a una buena cantidad de fans.


Asimismo, se han dado casos en los que las secuelas se han sucedido unas a otras hasta perder la cuenta: 'Star Trek', 'Viernes 13' (cuyas últimas entregas iban directas a los videoclubs) o la clásica serie dedicada al agente 007, renovada década tras década con algún nuevo galán.
También ha habido sagas, no tan extensas como las anteriores, con capítulos de irregular factura: 'Alien' y 'Batman' serían buenos ejemplos de ello.

Protagonistas casi humanos
"Esta chica no es real" indicaba en su portada el número 13 de Ciberp@ais mensual. Bajo el titular, una joven y atractiva morena miraba desafiante al espectador. Se trataba de la protagonista de 'Final Fantasy', un videojuego llevado a la pantalla. Pero esta vez no era ninguna Angelina Jolie ('Lara Croft') potencialmente palpable, sino una creación informática de apariencia verdaderamente humana.

Muchos actores miran de reojo estas creaciones. Aún no se ven amenazados, incluso les prestan sus voces. Y hasta su aspecto, como Tom Hanks en 'Polar Express'. Pero el impresionante avance en la modelación de texturas y el verismo en detalles, tales como el movimiento o la gestualidad, inducen a cuestionarse si algún día los mitos estarán compuestos de pixels en lugar de carne y hueso. De hecho, en alguna oportunidad se ha echado mano de estas técnicas para recrear por completo a un actor. Fue la solución cuando Brandon Lee falleció en turbias circunstancias antes de finalizar el rodaje de 'El Cuervo'.


El uso de estos efectos se ha incrementado gracias a estudios como Pixar o la Industrial Light and Magic de George Lucas. Sus logros dejan boquiabiertos a los espectadores temporada tras temporada. Desde las que van dirigidas aparentemente a un público infantil: 'Toy Story', 'Monstruos, S.A.' o la más actual 'Los Increíbles'. Hasta las que se valen de estas técnicas para conseguir lo inimaginable hace tan sólo una década: 'Inteligencia Artificial', 'Yo, robot', las consabidas trilogías de 'Matrix', 'El Señor de los Anillos' y las nuevas entregas de la 'Guerra de las Galaxias'. Un ejemplo reciente es 'Sky captain y el mundo del mañana' en la cual todo está generado por ordenador, salvo los protagonistas.


¿HOMENAJE, CONTEXTUALIZACIÓN O PLAGIO?

La conclusión no es única e incuestionable. Parafraseando el refrán, lo que no mata al cine lo engorda. Y, como se ha visto, sus nutrientes son múltiples. Algunos de ellos parecían serias amenazas, dispuestos a destronar al séptimo arte de su púlpito de honor en la cultura de masas. Y, sin embargo, ahí está. Resiste y se reinventa a sí mismo una y otra vez.

El próximo lunes 27 se celebra la gala de los Oscar. De sobras conocida, la expectación que despierta sigue siendo muy elevada. Es inevitable pensar que cualquier tipo de evento similar, como los Goya españoles, los Bafta británicos, los David italianos o los Cesar franceses, son un remedo menor del original useño. No hay más que leer las participaciones en el foro de debate que la revista Fotogramas tiene abierto en internet, donde los internautas aficionados al cine dan su visión personal, por lo general bastante crítica e incluso amarga, al planteamiento de "¿Por qué los Premios de Cine Europeo no tienen tanta repercusión como los Oscar?".


Hace ya treinta años, el quinteto británico Supertramp se preguntaba: ¿Crisis? ¿Qué crisis? La principal preocupación versa ahora en torno a qué película ver y en qué multisala.


Y EL CINE ESPAÑOL QUÉ, ¿OTRA VEZ GANADOR DE UN OSCAR?



[Redactado a principios de 2005].